Nombres

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En el estado mexicano de Sonora acaba de entrar en vigor una nueva norma que prohíbe inscribir en el Registro Civil a los niños con nombres «peyorativos o denigrantes», o usar los de cantantes, marcas, personajes de ficción o nombres sin sentido. El objetivo de la reforma es proteger a los niños del abuso.

En el estado mexicano de Sonora acaba de entrar en vigor una nueva norma que prohíbe inscribir en el Registro Civil a los niños con nombres «peyorativos o denigrantes», o usar los de cantantes, marcas, personajes de ficción o nombres sin sentido. El objetivo de la reforma es proteger a los niños del abuso. No podrán ponerse nombres peyorativos, discriminatorios, infamantes, denigrantes, carentes de significado, que sean signos o siglas o que expongan a los menores a burlas. Además la nueva ley prohíbe 54 nombres en particular, pero su número podría ampliarse (noticia de RT).

No deja de ser curioso leer algunos de los nombres que han sido prohibidos: Rambo, Pocahontas, Batman, Terminator, Robocop, Rocky, Harry Potter, James Bond, Facebook, Twitter, Yahoo, Email, Lady Di, Michelín, Rolling Stone, Indio, Espinaca, Hitler, Aceituno, Burger King, Escroto, Cesárea, Tránsito, Iluminada, Circuncisión, Pubis, Pene, Fulanito, Aguinaldo… Es importante señalar que todos los nombres prohibidos ya habían sido usados por algunos padres para registrar a sus hijos.

El asunto tiene más importancia de lo que puede parecer a primera vista. Nuestros nombres son parte de lo que somos. De entre todas las características que nos definen como personas, el nombre no es de las menores y sí, desde luego, la más inmediata. Cuando pensamos en alguien, la asociación entre cara y nombre es lo primero que nos viene a la mente. Hay incluso quien dice que ser es ser nombrado, que el verdadero momento de una creación llega al nombrar lo creado, que no existe lo que no se puede nombrar.

En cualquier caso, no es ninguna tontería la elección de un nombre. Y por encima de las risas que pueden provocar inicialmente algunos de los nombres que hemos podido leer, debemos pensar también, además que un nombre es una gran parte de la identidad de alguien. Banalizarla de este modo es una forma de reducirla, cuando no de anularla. Además, claro, de la carga que puede significar para una persona el hecho de tener un nombre risible o ridículo.

Una última consideración. Probablemente no estamos pensando en poner estos nombres a nuestros hijos, pero tal vez sí estemos usando con demasiada frecuencia, al dirigirnos a otros, apelativos, diminutivos o motes que pueden resultar molestos o desagradables, o que simplemente pueden no gustar a quien los recibe. Estará bien que pensemos sobre ello. Porque todos tenemos derecho a elegir un nombre.

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