Los desplazados de Boulkom

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Eran quinientas doce familias cuando les visité en febrero. Ahora pasan de las mil.

Son familias que huyeron de sus pueblos ubicados en el norte del país, la franja que más sufre el azote del yihadismo. El movimiento islamista radical, despiadado y asesino, que se mueve a sus anchas por las zonas semidesérticas del país.

Algunas de los desplazados vieron morir a sus familiares. Contemplaron cómo eran destruidos su campos, arrasadas sus cosechas, quemadas sus viviendas, acuchillados sus animales. Vieron y sufrieron hasta lo inexplicable el impacto del horror.

Del modo que pudieron, llegaron hasta la zona de Boulkom, en el sudoeste del país. El jefe local del territorio les permitió instalarse en una franja de tierra desocupada, en el corazón del bosque.

Hombres y mujeres, trabajando juntos, la despoblaron de maleza la acondicionaron para la instalación de chozas, cocinas comunales y letrinas.

Los desplazados de Boulkom
Bourá, Burkina Faso. By Pepe Navarro

Así les encontré yo en mi reciente visita. Nos reunimos y hablamos. Me contaron acerca de sus sufrimientos y de sus necesidades. Entre las que destacaba la falta de agua.

La zona de Boulkom es seca y las mujeres debían invertir ocho horas diarias – desde las cuatro de la mañana hasta las doce del día – en realizar el trayecto de ida hasta un pantano y regresar con el agua no potable a la aldea.

Entre la oscuridad de la noche y el sol abrasador del mediodía. Cargando un bidón de veinte litros. Y, muchas de ellas, llevando a cuestas un hijo pequeño al que no se podía privar del alimento maternal.

Por fortuna, la rápida intervención de Aigua per al Sahel, consiguió atenuar la dureza de esa triste realidad.

Dada la urgencia de la situación de los desplazados, la petición de un pozo de agua potable fue rápidamente atendida y en la actualidad ese pozo es una bella realidad.

Los desplazados de Boulkom
Bourá, Burkina Faso. By Pepe Navarro

Desde Aigua per al Sahel y Natura les deseamos que dejen atrás el horror de lo vivido en sus lugares de origen y que se sientan en paz en su nuevo territorio de adopción.

– Pepe Navarro
Fotografía tomada en Bourá, Burkina Faso, África.

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