El otro lado del río Medellín

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El propio autor, Pepe Navarro, nos cuenta que se emocionó al escribir el relato de esta semana para el blog recordando lo que vivió.

“Tú te acercas, conoces mi nombre, sabes que hace mucho tiempo que vivo donde puedo, que tengo hambre, que paso miedo.

Sabes que, por las noches, mis ojos no tienen tiempo de fijarse en la luz brillante de las estrellas.

Porque paso casi todo el tiempo buscando aquello que más necesito para vivir.

Fue un error, mil y una veces se lo cuento a todos y a mí mismo. Fue un error creer que, con probar una vez, sería suficiente, que yo sabría siempre cómo controlar las dosis y sus efectos en mi cuerpo y en mi alma.

No supe. No pude. Se me llevó una nube hasta el otro lado del río. El lado oscuro donde se mueren mis sueños y me atormentan las pesadillas.

Allí vivo ahora. Entre cuerpos como el mío. Amontonados en el reproche, la ansiedad y el dolor. Sujetos a la necesidad de subsistir un día más, unas horas más.

Soy esclavo de los fantasmas de mi mente que me ordenan silencio, que me obligan a dejar de soñar colores. Ellos me persiguen a mí y yo persigo el olvido.

Y ya no puedo ser como quisiera ser.

Porque he perdido el rumbo de mis palabras y el sentido de mis oraciones.

Pero todo esto tú ya lo sabes. No es necesario que te lo cuente. Nos conoces a todos. Y sabes que, pese a ser desechados por el mundo que nos rodea, el corazón nos late y el amor nos consuela.

Mi amiga linda, mi ángel bello, por mil vidas que viva y por mil muertes que muera, jamás olvidaré tu nombre. Puedo olvidar el mío, pero no el tuyo.

Porque tú eres una de las pocas personas capaces de acercarse hasta este rincón sin forma, de quedarse conmigo, de abrazarme con ternura, de decirme que, pese a todo, no estoy solo.

Por unos instantes, conviertes mi soledad en la pista de un circo. Veo,en tus ojos, payasos, acróbatas y magos con sus pañuelos rojos y sus cajitas llenas de misterio.

El roce de tu mano me arrebata el olvido y me devuelve a la niñez. Donde quiero quedarme y me quedo, por un rato, recordando y siendo.

Mi amiga linda, mi ángel bello. Si tú supieras cómo de grande es en mí la bola de luces y estrellas que me regala tu pequeño momento de amor».

Pepe Navarro

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